frases El rincón de la Maestra Jardinera: ¿Cómo evaluar en el jardin de infantes?

lunes, 21 de septiembre de 2009

¿Cómo evaluar en el jardin de infantes?

Propuestas para una evaluación diagnóstica grupal
La evaluación que tuvo una carga calificadora, sancionadora y controladora, hoy comienza a ser entendida por los docentes como un instrumento de apoyo a sus decisiones sobre el proceso de enseñanza y una herramienta de indagación, comprensión y mejora acerca de qué se enseña y cómo se enseña en esta primera etapa del sistema educativo.
Planificación y evaluación son una misma unidad, como las dos caras de una moneda. Para planificar es necesario evaluar y para evaluar se deben plantear las expectativas de logros y competencias que los chicos obtendrán al terminar el nivel inicial.
En estos primeros años, el objetivo es que los chicos conozcan, comprendan e intervengan en la realidad de forma más amplia y profunda. De modo que la labor del docente será organizar cómo los chicos van a conocer más y mejor la realidad, con qué recursos intervendrán en ella y con qué grado de competencias. La evaluación grupal, por lo tanto, verificará que el contenido y la metodología empleados sirven al objetivo de iniciar aquellas competencias importantes para este nivel y que se desarrollarán y consolidarán en posteriores ciclos de la escolaridad.
Pese a todos los avances, todavía no se ha instalado una cultura de la evaluación, y directivos, supervisores y docentes se sienten "rindiendo cuentas" en lugar de "dando cuenta" del proceso de aprendizaje establecido.
A este respecto, es importante señalar que no existen protocolos ni guías universales -ni a nivel nacional, ni provincial- sobre qué se va a evaluar, sino que es la propia institución la que generará esos lineamientos. Es la conducción la que debe planificar su gestión, evaluar las acciones educativas de su institución y comunicar sus objetivos a docentes y padres.El malestar de la "cultura de la evaluación"
Todavía cuesta repensar lo que se hace..El docente está acostumbrado a fundamentar el resultado de su acción bajo un concepto de bueno o malo, donde bueno corresponde más al cumplimiento de los objetivos de un programa que a profundizar sobre lo que realmente han aprendido los alumnos.
Tradicionalmente, se llevaba a cabo una primera evaluación al cumplirse la etapa de adaptación (privilegiaba el lenguaje oral y el comportamiento social por sobre otros indicadores) que luego se complementaba con evaluaciones de corte.
Algunos docentes esperaban esa primera evaluación para contar con un diagnóstico grupal y hacer su planificación anual, es decir, no anticipaban los objetivos a cumplir a lo largo del ciclo lectivo. Las evaluaciones de corte recogían datos -a tres o cuatro meses del inicio de clases- sobre los conocimientos y competencias que dominaban los alumnos y las dificultades o diferencias notables en relación con la expectativa para ese momento del año, su edad, etc.
Estos instrumentos no han perdido vigencia. Sin embargo, hoy persiguen el objetivo de favorecer la planificación primero, para revisar las acciones institucionales después, dando al docente un rol activo dentro de la orientación y conducción del proceso de aprendizaje.La planificación didáctica y la evaluación
Con la diferenciación de áreas curriculares, el análisis de la formación docente y los planes de programación educativa, los docentes tienen una base de contenidos sólida, que establece reglas claras sobre lo que los chicos deben aprender y las capacidades y competencias que están en condiciones de desplegar y dominar.
Esta planificación contempla ajustes a posteriori, en función del desempeño del grupo y de sus diferencias -intelectuales, motrices y de comunicación- fomentando un trabajo progresivo con un sentido de equivalencia y proceso.
La evaluación diagnóstica grupal no establece qué enseñar, sino que le sirve al docente para reajustar sus estrategias didáctico-pedagógicas y le permite confrontar lo que se enseña respecto de lo que se aprende.
Aquí las llamadas evaluación sumativa (cuánto aprendieron) y formativa (qué aprendieron), se pueden articular en un mismo concepto, no para calificar -mucho menos en el nivel inicial- sino para reorganizar las propuestas y mejorar las secuencias de los contenidos.
De la evaluación en términos valorativos -"los chicos se divirtieron"- se pasa a presentar indicadores que manifiesten concretamente su propuesta: qué enseñó, qué aprendieron y cómo se puede estimar que lo aprendieron. Si bien la evaluación nunca va a ser absolutamente objetiva, al restarle valoración intuitiva, se propiciará una evaluación participativa que contemple la tarea pedagógica desde otros ángulos.
Es importante que los alumnos participen en la planificación y en la evaluación, deben saber para qué hacen lo que hacen y qué se espera de ellos. ¿Pueden planificar si son tan chiquitos? Sí, si el docente pondera instancias que le den lugar a su voz, sus convicciones y deseos, y actúa como intermediario, proponiendo contenidos que sirvan para ampliar su construcción de conceptos y su valoración de la realidad. El docente también podrá coordinar acciones que enseñen a evaluar y reflexionar sobre el trabajo del otro, favoreciendo el diálogo en los chicos o poniéndoles la mirada en aspectos de la producción de un alumno que la clase no había considerado.
El docente también tiene que guiar la observación de los padres para que aprendan a valorar las capacidades adquiridas por sus hijos, favoreciendo así una evaluación participativa entre padres y docentes.
No es lo mismo que un docente diga que todo su grupo tiene dominio sobre determinadas competencias matemáticas a que diga que algunos alumnos lo tienen. Por lo tanto, es importante que el docente pueda conceptualizar su grupo para elaborar una evaluación de Consolidación, Cierre y Pasaje al siguiente año que comprenda una síntesis de los conocimientos, cambios y capacidades de sus alumnos, así como recomendaciones a considerar por el próximo docente

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